Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y que no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy, por lo menos hoy, tú puedes contar conmigo. Sin condiciones.

Jorge Bucay

Entrevista con Jesus Quintero

Jesús Quintero: Quiero que me explique una cosa que ha escrito muy hermosa que empieza diciendo: Quiero que me oigas sin juzgarme.

Jorge Bucay: Y creo que este es uno de los desafíos, sobretodo en la pareja, pero no solo en la pareja. Estamos tan acostumbrados a que si oímos, tenemos que juzgar, tenemos que decir ¿está bien lo que dijo?, ¿está mal lo que dijo? Es más, a veces hasta juzgamos antes de oír y a veces hasta juzgamos en lugar de oír. Tenemos tanto pre-juicio, de allí viene la palabra, que ya no escuchamos lo que el otro dice. Solamente, pre-juzgamos.

JQ: Quiero que opines sin aconsejarme.

JB: Ah!, es tanta tentación ¿no? cuando uno te pide una opinión siempre uno tiende a aconsejar, no da una opinión. Dice, ¡ah! Lo que deberías hacer es…y uno no se da cuenta de que los consejos no son para seguirlos. Los consejos son para tenerlos en cuenta. Mi padre siempre se quejaba conmigo cuando yo tenía dieciséis años. Mi padre me decía: tú siempre me pides consejo y la verdad es que a mí me gusta que me los pidas, pero la verdad es que, no entiendo para que me pides consejo si luego haces lo que tú quieres. Y yo le contestaba: creo que te pido consejo para saber qué es lo que quiero.

JQ: Quiero que confíes en mi sin exigirme.

JB: Parece que la apuesta de confiar siempre implica una contraprestación ¿no? Si yo decido confiar en ti, parecería que tengo derecho a exigirte que no me defraudes. Parecería que tengo derecho a exigirte alguna cosa que hagas para que yo siga confiando y en realidad no es así. La confianza es una entrega, que no tiene nada que ver con exigirlo ni con esperar, es algo que a mí me pasa y esto, en realidad, casi a veces, no tiene que ver ni contigo ni con mi decisión. Porque esto es algo que la gente tampoco comprende muy bien. Confiar no es algo que uno decide hacer sino algo que le pasa. La verdadera confianza ¿no? Lo que pretendo, en todo caso, cuando yo confío es que el otro sepa que yo confío. Especialmente, en una pareja, donde la confianza es uno de los tres pilares que tiene una pareja. Un pilar tan importante, que si no existe no hay posibilidad de hacer una pareja trascendente.

JQ: Quiero que me abraces sin asfixiarme.

JB: Todos hemos conocido alguna vez estas personas que son híbridos de ser humano y pulpo. En realidad, uno se acerca y siente que sus brazos y su influencia y su poder y sus cosas lo rodean y que uno vive asfixiado en la relación ¿no? Personas que creen que la posesión sobre cada cosa del otro, este, es el amor ¿no? Abrazar, abrazar es esto…es rodearte con mis brazos, pero esto no puede significar, restarte libertad.

JQ: Quiero que me cuides sin anularme.

JB: Cuidar al otro,…otra vez,…no es,… no dejarlo hacer. Cuidar al otro es permitirle que explore. Poco bien le hace a su hijo la madre que cautelosa de que el niño no se caiga del árbol, nunca lo deja trepar, porque será un niño que nunca podrá treparse con los amigos, será un niño que vivirá condicionado por aquellos miedos de su madre ¿no?

JQ: Quiero que me animes sin empujarme.

JB: ¡Ve tú!, no quiere decir que vayas a mi ritmo, cuando yo quiera, en el momento que yo lo quiera, de la manera en que yo quiera y cuando yo lo decida. ¡Ve!, es que sepas que tú puedes, especialmente, digo yo, escribí una vez una carta a mi hija que le decía, este, “no idolatres a nadie y a mí que soy tu padre menos que a nadie”.

JQ: Quiero que me protejas sin mentiras.

JB: Que locura esta, la de las mentiras piadosas. Es una mentira, la de las mentiras piadosas. La única piedad a una mentira piadosa es para quien dice la mentira, que no quiere enfrentarse con la responsabilidad de decir la verdad, pero no existe una mentira piadosa. En todo caso, yo soy quien elige saber la verdad o no saberla. Dice Sócrates: “Voy por un camino. Me encuentro con un esclavo que duerme y por lo que dice en sueños me doy cuenta que está soñando que es libre, ¿Qué debería hacer? ¿Debería despertarlo para que sepa que en realidad es un esclavo y que esta libertad que tiene es solamente un sueño o debería dejarlo dormir para que por lo menos en sueños disfrute de esa libertad que no tiene? Y Sócrates dice…no lo sé”, y yo agrego…yo tampoco, pero, ahora que somos amigos, si tu alguna vez te encuentras conmigo durmiendo y yo soy un esclavo que sueña que es libre, a ti que eres mi amigo te pido, a mí, a mí despiértame.

JQ: Quiero que te acerques pero sin invadirme.

JB: El tema de los límites es un tema muy importante. Es un tema que se suele excluir del amor. La gente cree que si nos amamos entonces no tengo que poner ningún límite para ti. La gente cree que no hay espacios privados en el amor ¿no? y la verdad es que eso es un error, eso es un error. Yo creo que hay espacios que son míos y en los cuales por mucho que yo me ame con mi amigo, con mi pareja, con mi hijo, hay espacios donde para entrar tienes que pedirme permiso…tienes que pedirme permiso…si yo te lo doy sí, sino, no.

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